Como mínimo, debería incluir la gestión financiera, la gestión de activos, la gestión del mantenimiento, las compras y la logística, la planificación de la producción, la gestión de proyectos, la gestión del cumplimiento normativo y de salud, seguridad y medio ambiente (HSE), la elaboración de informes y el análisis de datos. La gestión documental y la gestión de las relaciones con los clientes (CRM) también pueden ser relevantes, dependiendo de la estructura organizativa de la empresa y del grado de dependencia que tenga respecto a distribuidores y contratistas.